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Una nueva distancia

Olga Grau

Los sonidos son más precisos ahora en el oído, sin el tráfico diurno de la ciudad que parece más dormida, fuera del alboroto cotidiano tan acostumbrado. El camión recolector de la basura en horario inhabitual anunciaba con su zumbido que ya estaba en la cuadra; ya venía, se acercaba, ya estaba frente a la casa mientras yo corría a buscar la bolsa de basura al patio trasero. Necesitaba desprenderme de la basura acumulada, esa que nos afecta siempre al recordarnos la putrefacción, la de los desechos, desconcertante en sus jugos malolientes que amenazan caer en las baldosas, en el suelo limpio, con esos restos que no queremos volver a ver, esas materias que estuvieron cercanas a nuestros cuerpos mientras transformamos los alimentos o que fueron dejadas como pequeños excesos en los platos, que se juntan a papeles de dudoso origen, desechados al no tener ni siquiera un destino reciclable. Por eso el cuerpo se apura, para desasirse de aquello que nos suscita asco y casi nada de nostalgia. Tal vez un poco, la que se va en los trozos de la copa antigua con su brillo de color y que envolvimos cuidadosamente para no dañar las manos de los recolectores en los riesgos de su oficio.

Corro, miro de reojo el líquido que se acumuló en la punta de la bolsa tomada en vilo, abro la puerta y llego a tiempo para ser recogida por un recolector. Se la paso en la mano en medio del barullo del motor; la recibe con su mano sin enguantar desde la mía acostumbrada a no poner distancia. Quizás por esa poca precaución en tiempos de virus, me habla. No le entiendo. Me acerco a más de un metro con mi oído acostumbrado a querer entender cuando alguien habla. Repite y con cierto ademán del brazo me explica al parecer algo sobre los dos camiones que están en paralelo cumpliendo la misma función, uno para cada vereda en la recolección de las basuras. Se han encontrado frente a mi casa, pero no creo que me esté hablando de las coincidencias de los tráficos. Me acerco más y puedo oír su voz destartalada sin entender sus significados. Sale de entre medio de sus dientes chuecos, de esa garganta sin cultivo, acostumbrada a gritar, a defenderse de otras basuras más tristes que lo tocaron desde la infancia. Sigo sin entenderle, me repite y opto por mover la cabeza afirmativamente, haciendo como que entiendo, viejo recurso para tantos fines. Algo ha cambiado en las rutinas de la recolección de la basura y probablemente no lo sé. Me retiro. Luego empieza a actuar en mí el miedo, el de la cercanía con alguien y puedo recordar, tal vez imaginar, que vi a contraluz pequeñas gotas de su saliva que salpicó en el aire. Lo más probable era que algo de saliva había disparado en el deseo de comunicarse, de pedir algo o decir alguna cosa que le parecía importante. Cerré la puerta y me apresuré ahora para ir a lavarme las manos, la cara, rápido, de modo de ganarle al virus, tal vez no lo suficiente, cambiarme la ropa, cumpliendo una a una las normas que hacen que los cuerpos no dejen huellas unos en otros. No sentarse ni caminar cerca, no abrazarse ni el día del cumpleaños, mejor dar la espalda para evitar el contacto, no encontrarse con las amistades. Aprendemos de a poco a ver los vahos de los otros, amenazantes…y caemos cada cual bajo sospecha. Una muerte social empieza a propagarse.

Olga Grau

31 de marzo 2020

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