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Un accidente en la calle (y paréntesis sobre el liderazgo)

Foto: The Clinic. el camión no tenía los vidrios golpeados en el momento del accidente

Fernando Balcells

 (Permítanme un breve paréntesis sobre el liderazgo. ¿A qué soledad del mando aludía el Presidente en Enade? A la que sobreviene cuando la lógica castigadora se presenta como un exceso del exceso. Para el líder que sabe que su autoridad depende del castigo, dudar sobre la intensidad de la punición es quedarse solo frente al vacío de su política. El líder es un hombre de pocos recursos y falto de imaginación. Cuando advierte que ya no puede castigar sin condenarse, entonces, recién entonces, accede a descender al diálogo. Pero lo concede como un accidente del que saldrá apenas pueda).

Asegurar la libre circulación en la ciudad no es un objetivo casual de la policía. Es el nudo en que la autoridad se pone en juego exigiendo la obediencia ciudadana a una imposición cualquiera. Una calle, un grupo de calles o incluso callejones sin salida, son los lugares en los que la autoridad del Estado se ejerce en toda la magnificencia de su fuerza. La violencia policial empeñada en despejar avenidas y pasajes es inflexible y desproporcionada hasta el delirio. Los antiguos parlamentos entre oficiales y manifestantes han quedado obsoletos en la contra-guerrilla callejera.

La autoridad ya no se mide por el acatamiento de ley o de sus argumentos razonables. Las buenas razones no necesitan el respaldo de la fuerza. La autoridad se mide en la obediencia a la orden arbitraria, la decisión absurda e incluso el trato cruel. El poder no solo tiende al abuso sino que exige que se demuestre que se lo tiene, dando espectáculo del abuso.

La noche del martes un bus de Carabineros atropelló y mató a un barrista de Colo Colo a la salida del estadio. Explicando el actuar de Carabineros, la coronela Karina Soza dijo que los funcionarios estaban siendo atacados y que “se ejerce fuerza necesaria y proporcional relativa a la violencia que recibe”.

Jorge Mora no estaba cruzando la calle por un paso cebra pero su muerte escapa a todo sentido de las proporciones. Estos no son accidentes, son excesos de la imprudencia política. Este acto fue producto de malas políticas públicas, intransigentes y castigadoras, que han llevado a la sensación de pánico que ha invadido a Carabineros. El miedo de los Carabineros es proporcional a la violencia que emplea para disolver reuniones y al rechazo creciente que la ciudadanía manifiesta hacia la institución. 

Los vecinos que sufren el juego macabro que se despliega entre la autoridad y la insurgencia vial asisten como testigos de un horror degradante. Entre los manifestantes exaltados y los homicidas por negligencia, la población no es neutral. La señora que grabó la salida del Estadio Monumental desde un puesto de frutas y jugos naturales, se quejaba de que los barristas ‘vienen a alentar a los pacos a hacer daño’.

Las responsabilidades no son parejas. La autoridad es responsable del respeto y del orden en la convivencia. Si la policía acepta el juego entre barricadas y libre tránsito que proponen barristas, manifestantes o estudiantes, está simplemente equivocando sus prioridades políticas. Si las autoridades no entienden que debajo de la ferocidad de los exaltados hay un desafío por un poder de juguete; si insiste en doblegarlos, hiriéndolos y gaseándolos, la infantilización que afecta a Carabineros llegará hasta el punto de necesitar pañales.

Efectivamente, el respeto a la autoridad es más importante que la circulación en cualquier calle. Y ese respeto se destruye cuando la policía se arrodilla para jugar con los niños y los golpea con palos, gases y balines.

Nadie más que la autoridad es responsable del respeto a la autoridad. Carabineros ha sido víctima de las políticas de orden y seguridad del Gobierno. Las confusiones entre seguridad y acción policial, priorizan la violencia ‘disuasiva’ en reemplazo de la comunidad y de la conversación política. Como decir, para que se entienda, que esta es una mala política, producto de una obsesión destemplada por hacer vales la autoridad a palos. A pesar de la evidencia, los caminos delante nuestro no terminan de bifurcarse. Por un lado la insistencia en identificar la seguridad con la policía. Ya se anuncia la presencia de policías dentro de las aulas y en los recreos, hasta que alguien más muera ‘accidentalmente’.

La otra ruta que se abre, pide una policía que se desprenda de su presencia provocadora y recupere su capacidad disuasiva. La tarea es reconstruir el respeto y la confianza entre una nueva policía, que vuelva a su carácter peatonal y vecinal, y una comunidad que entienda que la responsabilidad de la paz es suya y que no puede ser delegada en instituciones que se sustraen a la convivencia.

https://www.biobiochile.cl/biobiotv/opinion/los-columnistas/2020/01/30/un-accidente-en-la-calle-y-parentesis-sobre-el-liderazgo.shtml

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