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Renuncia a la Democracia

Parte 2. Unidad, expropiaciones y buenas intenciones

Fernando Balcells en El Mostrador, 14 abril 2020. Lo esencial de este momento es preservar las vidas y la salud de la población.  Dos, para eso, es vital cuidar las libertades políticas amenazadas por la ideología y por las circunstancias. En especial, es importante mantener abierto el proceso plebiscitario y el avance en la democracia. Tercero, es importante cuidar la economía y hacer notar la diferencia entre una política que se apoya en los intereses de las muy grandes empresas y otra que prefiere apostar a las personas, a su iniciativa laboral y a su calidad de vida.

La ley que pone a disposición  de los empleadores el ahorro de los trabajadores.

Es verdad que la Cámara de Diputados aprobó la ley que echa mano a los ahorros de los trabajadores para pagar sus propios sueldos. Es difícil de asumir que se haya aprobado una ley de expropiación de recursos de los trabajadores. Se entiende perfectamente que postergar el uso del Fondo Solidario hasta después de agotar los fondos de cada trabajador es una forma de evadir el compromiso de aporte fiscal. La ley no hace más que volver a la propuesta inicial de 2019 que no consideraba aporte fiscal alguno. Es necesario hacer notar que los fondos de cesantía, a diferencia de los fondos previsionales, sí pertenecen a los trabajadores y les son devueltos al momento de la jubilación.

En mi ingenuidad, creí que los fondos suministrados y restado del ahorro para la cesantía, serían devueltos por el Fisco a los trabajadores. La ley opera al revés; son los trabajadores los que tendrán que devolver al Fisco lo que este aporte del Fondo Solidario. Esto también es una novedad.

Pasar por el humor

El humor es irrenunciable, pero a ratos debe ser puesto entre paréntesis para no perder el punto crítico de una conversación política.

(Los parlamentarios, por vergüenza personal e institucional, deberían acogerse a la Ley de acceso al seguro de cesantía. La regla puede ser la siguiente: que ellos experimenten las consecuencias de las leyes que aprueban. Y en este caso sí estarán apoyando los esfuerzos del fisco y del Gobierno. Cinco meses de suspensión pagados por sus propios ahorros. No se excluye que sean sometidos a un mes de teletrabajo al 25% de su remuneración y que a los veinte días se les adelanten las vacaciones de febrero).

Democracia y unidad

Aquí no se puede contraponer la sana política de la confianza a la insanidad de la sospecha. La democracia no es la ganancia del derecho a la desconfianza sino la posibilidad de acceder a la vigilancia y la corrección de los actos de la autoridad. Por supuesto, este es el momento de unirnos. Para eso la autoridad debe poner fin a los manejos astutos como el de la Ley de apropiación de los fondos de cesantía.

¿No es curioso que la autoridad llame a la unidad pero no haga gesto alguno para formar un Gobierno de Unidad Nacional?

Al parecer la sorpresa del virus no permitió dejar atrás las heridas y abrirse a trabajar con los adversarios. La unidad que se pide ahora es el alineamiento disciplinado de todos en respaldo irrestricto a la autoridad. Lo más curioso es que la oposición entiende que así deben ser las cosas; ellas subordinadas a un Gobierno que no pierde oportunidad para hacer valer su carácter partidario.

La unidad nacional no se consigue sometiendo a una parte de la población. Aunque las razones circunstanciales pidan mayor disciplina, la respuesta a esa necesidad no es el estado de emergencia sino las comunidades y la ampliación de la democracia. Aquí no es necesario el toque de queda sino desarrollar instituciones más representativas que medien entre la población y las políticas para enfrentar la epidemia. Se pudo anticipar un nuevo estatuto político de las regiones y comunidades; se pueden institucionalizar los consejos gremiales como los de la Mesa Social COVID-19. Se puede, todavía, descargar los hombros de los militares de sus modernos, pesados e inútiles fusiles ametralladoras y reemplazar su equipamiento por el de un servidor civil en tiempos de catástrofe.

La democracia no puede sobrevivir tratando a las personas como un rebaño de ineptos. Lo que la autoridad está haciendo ahora con la población es sincerar la relación que las instituciones mantienen con la ciudadanía en el momento en que las cosas importan. Han sido amables para pedirnos obediencia. Pero la amabilidad y la violencia solo están separadas por nuestro acatamiento.

La insistencia en la democracia no implica negar que el Gobierno está haciendo su mejor esfuerzo en el combate del virus. Lo que es necesario relevar aquí, es que, aun cuando el Gobierno haga lo mejor, es imprescindible y urgente mantener los controles democráticos sobre las instituciones y sobre la autoridad. Lo que afirmo, además, sin que esta sea en modo alguno una injuria, es que lo hace desde su ideología particular. En esencia y aunque el Gobierno y la derecha no lo confiesen, su cultura se ordena detrás de la creencia de que lo que es bueno para las muy grandes empresas es bueno para Chile. La salud debe subordinarse a la economía, y la economía, sujetarse a las grandes empresas. “La salud pública depende de los recursos económicos que le asignemos. Lo demás es sentimentalismo”.

El Gobierno mismo se ha entregado a la fantasía política en el manejo de la epidemia. Se han tomado decisiones sobre la base de dos días completos de estadísticas optimistas. La división de algunas comunas para efectos de la cuarentena no responde a ningún criterio sanitario comprensible. Los vecinos de Ñuñoa tienen motivos para sospechar una división clasista de la comuna. A falta de explicaciones del Gobierno, uno puede suponer que se trata de permitir el libre tránsito de la mano de obra trabajadora hacia sus lugares de trabajo. No hay consideración más importante que esa.

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