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La imaginación poética de un país

Artículo 1º. La imaginación poética es el núcleo de la sociedad.

No temo llenar una página en blanco para una sociedad digna, no temo llenarla con la imaginación de los futuros que podamos alcanzar.

Lo que temo es que sea un puñado homogéneo quien la escriba, y que en ella se asegure la reproducción de sus valores y los debidos resguardos para evitar el contagio de los otros tan otros que somos los demás, tan aliens, tan rotos, tan como de otro país.

A eso sí le temo, pues no son ellos los que habitan el país de un modo vital, jugándose sus vidas y las de sus familias en cada decisión económica. A fin de cuentas, quien no quiere cambiar las reglas del juego es quien ha estado ganando el juego.

No temo a la página en blanco, creo en la escritura de mi brazo y del tuyo, tu brazo otro. Creo en el pulso de tu mano otra y en el filo perfecto de tu pluma. Creo en el país que dibujas en el aire antes de posar la pluma en el papel. Creo en tus paisajes, tus cavilaciones y tus ríos revueltos. Sé de tu perseverancia y de la creatividad con que le arreglas la cara a la limitación. Sé del coso-para-la-cosa que conoce el ferretero por conocimiento vivo. Yo aprendí también por casualidad porfía.

La imaginación en la sociedad de la dignidad es la poética, su ejercicio de escritura consiste en ponerse en otros zapatos y habitar otros cuerpos, no ensimismarse sino en-otro-mismarse. Ser en otro y en todos los otros. Esa noción de igualdad que permite el desplazamiento, también aparece en el mecanismo de la metáfora donde A=B=C. Por el contrario, la “no imaginación” militar, de la banca y del latifundio, es el cimiento de la sociedad del “respeto”, donde quien posee la propiedad posee un “más” y asume un vínculo asimétrico desde la tenencia. El respeto es a quien posee las armas, la tierra y el capital. No hay necesidad de imaginación sino de repetición: volver a ganar el juego aunque sea haciendo las mismas trampas. La moneda, como fórmula repetida, permite no enfrentar el desafío de llegar a un acuerdo entre personas diversas. No hay necesidad de argumento ni de empatía.

En la sociedad de la dignidad, ir hacia otros como ejercicio subjetivo puede aportar a definir un nosotros amplio y abierto a nuevas formas de cohabitar la experiencia de estar vivos. Ir hacia otros y definirse en ese ir. Ganar el nosotros en el ejercicio constante donde la inclinación a los otros sostenga una comunidad plural e inclusiva, que no resguarde en base a la tenencia. Adscribir a un pacto que salvaguarde que aquí nadie sobre. Y escribir, con mi brazo y el tuyo:

Artículo 2º. Los emblemas nacionales son los diecinueve y más millones de habitantes, y los que vengan y los que nazcan.

Fernanda Martínez Varela, poeta

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