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LA CURVA DE LA BACTERIA

Fernando Balcells. imagen principal Bligoo

La curva que guatea por debajo del horizonte

La línea de la convivencia navega por debajo de la infección, camuflada como costo necesario. Hemos aceptado contrabandos como el carácter social del distanciamiento y ahora no vemos que lo que se desplaza por debajo de nosotros es la negación de la democracia.

No vamos a despertar un día para decir, ‘ahora, retomemos el debate constitucional’. Vamos a despertar un día y después en otro, que se parecerá al mismo y en el que seremos guiados benévolamente a confirmar las restricciones a la libertad política que hemos consentido como cómplices pasivos.

Enfermería y estadísticas

Los especialistas y las autoridades sanitarias son modernas Florence Nightingale que se pasean ante las luces televisivas sin descanso y con sus caras arrasadas por el cansancio. A diferencia de la gloriosa enfermera de la Guerra de Crimea, los nuestros no han pasado por la atención a masas de heridos y enfermos. Sin la experiencia y la compasión de la ‘dama de la lámpara’ la numerología es inútil y supersticiosa. Si la estadística no está al servicio de la enfermería y de la creación de la Cruz Roja que se merece el momento, el desfile de números y líneas es más una suerte de dibujo alegórico que un apoyo a las políticas públicas. La transparencia exigiría sincerar las apuestas más que disparar series numéricas destinadas a impactar al ojo que adivina en la oscuridad.

Florence Nightingale

El juego estadístico es peligrosamente depresivo.

Ya no importa si las proyecciones nos dicen que a fines de abril tendremos quinientos, cuatrocientos mil o un millón de contagiados; los dados están tirados y los números embrollados como el ovillo de lana en las garras del gato. La mano que provoca al azar es la misma que ha errado consistentemente en la apuesta por los números genéricos en contra de los casos singulares. Un número se esconde detrás de otros y en conjunto ocultan el bosque.

El apoyo en figuras numéricas, supone un conocimiento acumulado sobre las mezclas y contagios del mal que se enfrenta. Ese no es nuestro caso. Nosotros conocemos el ‘tipo’ pero no el individuo. No conocemos al covid-19 e intentamos ‘surfear’ la ola. Le tomamos el pulso a medida que se eleva y nos arrastra, pero no entendemos plenamente como son las corrientes que le dan su potencia y su perversidad. Armamos prejuicios sobre curvas, alturas, duraciones y desenlaces que no son más que imágenes de un deseo frustrante.

Seamos positivos

Hay cuerpos políticos tan llenos de positividad que no son capaces de asumir la negatividad radical que desprende la epidemia. Siempre debe haber algo bueno que sacar de la tragedia. Si alguien está enfermo, bueno, mañana estará mejor –o no estará-. Para esta gente, es necesario que algo, un destello o una promesa de alivio y reconciliación, les permita pasar por alto el dolor que se vive. La plenitud de las vidas positivas no admite fragilidades, fracturas o discontinuidades en las curvas que toma.

Ser positivos es agradecer la preocupación de la autoridad benévola.

Es de buen tono saludar las políticas de gasto por 2 mil, 3 mil, 12 o 24 mil millones de dólares. Estamos afectados por una especie de depresión eufórica que ha desarmado nuestras defensas críticas. Confiamos en todo porque no hay dos calificaciones razonables de la gravedad de la pandemia. Hacer notar que la fantasía de los números no tiene respaldo en plata sino en imágenes y fintas diversas es arriesgado porque existe un monopolio estatal de la información y de sus distorsiones. En el discurso se anticipan las devoluciones de impuestos y se postergan otros pagos; Lo asombroso es que se logra hacer pasar las leyes que suspenden la vigencia del Código del Trabajo para que los trabajadores paguen su propio sueldo con su ahorro.  

El narcisismo microbiano

Algunos han asumido la crisis viral como un desafío en el que hay que imponerse y fotografiarse con el trofeo. En otros casos, la respuesta narcisista ha implicado salir a buscar culpables en otros países, en los organismos internacionales o en las autoridades subordinadas de su propia institucionalidad.

Algunos países, desesperados por buenas noticias, están entregando estadísticas de dos o tres días que tienden al aplanamiento de la curva de contagios. En el caso de España, al tercer día el virus resucitó. Nos encontramos en un mundo invadido por la imaginación positiva y las apuestas estadísticas. Saturados de información somos mantenidos prácticamente a ciegas ante la pandemia y especialmente ante las políticas que navegan en ella.

En cuanto a la cantidad de pacientes contagiados, (el Subsecretario) expresó que “se ha duplicado en 11 días, lo cual ha venido aumentando, y eso es una buena noticia que da cuenta de que las medidas de la autoridad sanitaria han permitido aplanar la curva”.

El virus esconde la infección de la bacteria autoritaria.

(La Pseudomonas ha estado aumentando. Este patógeno oportunista emergente afecta a los inmunodeprimidos, Las infecciones afectan las vías respiratorias, causando 50 % de las neumonías bacterianas. El tratamiento de dichas infecciones puede ser difícil debido a la frecuente y repetitiva resistencia antibiótica).

La falsa monada oportunista es a la vez una descripción científica y una rueda de metáforas que describen al microbio y a su estrategia infecciosa.

Las imágenes numéricas y las analogías médicas han estado presentes en la cultura desde siempre para ayudarnos a advertir semejanzas y dar forma a los desafíos invisibles que nos enfrentan. Cada vez que la política acude a la disculpa de las responsabilidades en una Fuerza Mayor, lo que hace es duplicar una catástrofe con un desastre. En nuestro caso el virus está siendo duplicado por una infección autoritaria. La amenaza bacteriana se excusa en la inminencia de la pérdida de vidas para imponer sus recetas como si ellas fueran dictadas por el virus. Ni siquiera las 10 plagas de Egipto consiguieron una obediencia tan desarmada como la que hemos ofrecido en esta ocasión.  

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