IniciodestacadoINVITACIÓN A LA MARCHA DEL 8 DE MARZO

INVITACIÓN A LA MARCHA DEL 8 DE MARZO

Este 8 de marzo estamos llamados a celebrar la irrupción paritaria de las mujeres en la política. Estamos convocados a realizar la excepción de las multitudes entusiastas de sí mismas, de su número, su potencia y su alegría. Este 8 de marzo, entre todas y todos nos jugamos los treinta años próximos que se nos vienen caminando.

Marchar es lo contrario de desfilar. Se camina al ritmo de cada uno, se disfruta del paisaje humano, se canta o se escucha, se entonan arengas diversas y se llega hasta donde se quiera. Reunirse en una manifestación es lo contrario de hacer cola y es muy distinto a apretarse en un estadio o en un concierto. El espacio abierto favorece la distención, el humor y el espectáculo único de la gente desconocida que acompaña tu paseo y comparte tus emociones más discretas. Las grandes manifestaciones son acontecimientos crudos y puros de la amistad social. Otra cosa son las intervenciones policiales.

La particularidad de las manifestaciones masivas es que ellas son acontecimientos; experiencias verdaderas, de esas que se incrustan en el cuerpo y permanecen en la memoria. La marcha es la manifestación de una comunidad que, una vez que se separa, se sumerge en la dispersión. Esta no es la comunidad del barrio, ni de la Iglesia, ni la comunidad de negocios o de los hinchas de un equipo; es una comunidad haciendo la historia más diversa y abrumadora que podemos experimentar en un solo acto de presencia. Estar ante un pueblo que se hace presente por un momento, es estar ante una aparición sobrecogedora.

Una manifestación hace eso. Responde a la contracción muscular de la política. La marcha entrega vendavales de aire insuflado en los pulmones de un pueblo asfixiado. Contra la manifestación de la voluntad de vivir y de expresarse de la sociedad no hay antídoto institucional alguno. Si marchamos masivamente, es porque los mecanismos de la representación y de la institucionalidad de la política están trabados y nos ahogan. No hay leyes que se resistan al viento fresco de una gran marcha de las mujeres y de sus hombres. Estas marchas no son ilegales ni legales; andan en otra. Sobrevuelan las instituciones y ponen el piso sobre el cual transitar.

Los nudos, me decía una mujer angelical, se desatan soplando, no cortando. A eso apunta, tal vez, la democracia femenina que aspira a cambiar la inspiración de las instituciones y del poder político. No es que las mujeres sean incapaces de la fiereza, es lo contrario. Ellas son cuidadoras feroces que anteponen sus deberes familiares y sociales a sus egos personales. Son cocineras, aseadoras, enfermeras, consejeras, trabajadoras y amantes. Es como amantes que las queremos seduciendo al Estado.

La excepcionalidad de la marcha y su alegría, vienen del encuentro entre el desahogo y el futuro político. Las grandes manifestaciones son respuestas a la contracción muscular de la política. Una gran marcha de las mujeres y de sus hombres en este 8 de marzo es el aliento que los cambios constitucionales necesitan.

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

más leidos

Antes de escribir, leer.

Constitución Culebra

Todos nosotros

El Poto sucio

Error decoding the Instagram API json