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INSISTENCIA DEMOCRÁTICA EN LA CONSTITUCIÓN

pintura de Concepción Balmes

Fernando Balcells

Democracia

Este artículo mezcla la rectificación de algunos conceptos clásicos de la teoría de la democracia, con los buenos deseos del firmante. Lo primero, es que la democracia no es simplemente el sistema electoral en que gobiernan las mayorías controladas por las minorías; la democracia es el ambiente político que incorpora a todas y a todos en la construcción de la convivencia. La democracia no es solo cuantitativa sino que su propósito consiste en formar una totalidad social que incluya a todos los sectores que han sido ocultados y marginalizados. La democracia no es el régimen de los más o menos sino el de la insistencia en la totalidad social, sus diferencias, sus fragmentos y su influencia decisiva.

En la democracia, son los pueblos los que buscan fortalecerse uniéndose en sus diferencias. Los pueblos deciden dotarse de instituciones y de un Estado. El Estado responde a lo que la gente ha decidido poner en común. El Estado y las instituciones son responsables ante la gente. La soberanía recae en el pueblo que se dota de herramientas para diseñar y controlar al Estado, a las instituciones, al sistema político y a la judicatura. El Estado y las burocracias que lo componen son servicios públicos; están al servicio de la gente. El Estado y sus funcionarios deben un respeto reverencial al pueblo y a las personas. Es la gente, las familias y las tribus, las localidades y las regiones las que deciden darse un Estado. El pueblo manda sobre sus instituciones, su funcionamiento y su relación con la ciudadanía. Todas las escalas del poder en el Estado y en la sociedad están sujetas a la soberanía popular.

Pueblos

Al pueblo nadie le concede nada porque todo le pertenece. Nadie le impone nada porque la democracia le permite modelar la representación, la ley y la convivencia. No está de más insistir: es el pueblo el que se da un Estado que lo complace y lo obedece. La forma que adquiera ese poder, a la vez destituyente e instituyente, es lo que estamos movilizando en estos meses.

El pueblo es el depositario de su historia, de su juicio político y de su destino. No existe una nación fuera de su encarnación popular. No hay oposición entre el pueblo y la gente, la ciudadanía, las familias y los individuos. El pueblo no es la instancia heroica que vive en la victoria o en la herida de la derrota; es también dueña de casa, trabajadora, ‘hombre corriente’, consumidor y emprendedor. El pueblo se manifiesta en todas las formas de existencia y en los conflictos que lo atraviesan. Distintos términos definen sus ámbitos de acción y sus perfiles infinitos. Este artículo emplea criterios intuitivos para incluir todos los avatares y las circunstancias en las que la poblada se expresa con distintos alcances de su manifestación.

Lo que estamos haciendo es invertir la figura del poder y el orden de las jerarquías de la actual Constitución. La estamos poniendo al revés; partiendo desde la gente y terminando en las personas sin dejar de controlar desde la ciudadanía los intermedios institucionales que ella ha puesto a su servicio. En lo que nos dejó Pinochet, el pueblo es una figura de paja cuyo cuerpo esta excluido en favor de una nación supuesta y depuesta; entregada a la burocracia de instituciones y representaciones que se alimentan recíprocamente para excluir a los pueblos de la repartición del poder en la sociedad. El pueblo de paja es aquel al que se le reconoce el derecho a plebiscitar sus iniciativas pero se le cierran todas las puertas para hacerlo.

Soberanía

Es cierto que el concepto de soberanía que expresa el poder de la primera y de la última palabra, se ajusta mejor a un dictador que a pueblos diversos, desigualmente comprometidos en lo común y rebosantes de diferencias. La soberanía ya no responde al mito de un Rey todopoderoso sino, afortunadamente, una que se reconoce incompleta como sujeto (porque la totalidad de los cuerpos y las voluntades permanece siempre abierta), que participa de una comunidad jurídica mundial y que se da el tiempo para la duda y la deliberación en torno a los conflictos que irremediablemente la atraviesan. La democracia no es solo la opción por un modo de ser de la convivencia sino que es la que tiene como horizonte la representación y la voluntad de todas y todos en la mejor convivencia y la mayor efectividad en la generación y repartición de la riqueza.

Constitución de la Democracia

Una Constitución que tiene como sujeto a los pueblos de mujeres y de trabajadoras, de niños y niñas, de profesionales y de emprendedores, de trabajadoras autónomas y de pueblos originarios; una Constitución que se da a sí misma un Estado, es lo contrario de la usurpación que tenemos por régimen y que creemos que es normal.

En lugar del acento que se marca en la tercera línea del texto de Pinochet; El Estado reconoce…, la Constitución al Revés se permitirá iniciar con una declaración de libertad y de responsabilidad que diga, más menos: Nosotros los pueblos y las naciones de Chile nos convocamos aquí para construir una casa en común. El Estado será obediente a la voluntad popular en los términos que se definen en esta misma Constitución.

No dejen que les digan que la propuesta democrática corresponde a una tradición ajena, anglosajona. Que ese no sea un argumento para descartar el énfasis democrático, sino un refuerzo de la convicción de que el cambio es real, es virtuoso y sobretodo, es necesario, aquí, entre nosotras y todos.

Este cambio en el sujeto que convoca a la norma de convivencia entre el pueblo y las instituciones; esta inversión en la jerarquía transforma las maneras de ser y de entenderse de las leyes y de las normas. El orden público ya no se entenderá unilateralmente como el ambiente protegido de los grandes negocios sino como el ambiente propicio para la libertad de expresión y de expansión de la vida de todas y todos.

La Constitución que viene se escribirá para ensanchar la democracia. Para hacerla engordar e incorporar toda la diversidad de la población chilena, que simplemente habíamos perdido de vista en la realidad que nos han pintado para cegarnos.

Los pueblos son redes de memorias heridas y de voluntades de cambio.

Para pensar en el ritmo de los movimientos democráticos, debemos recordar que la Constitución actual es anterior a Internet. Si logramos enfocarnos en ese punto de vista nos damos cuenta de lo obsoletos que son los sistemas de poder concentrados en burocracias auto referidas, en liderazgos auto propulsados y en promesas inverificables. Ahora sabemos que no hay alternativa a una democracia ligera, diversa y eficiente.

La nueva Constitución devolverá la voz y el ánimo al pueblo junto con la posibilidad de controlar y participar cercanamente en la gestión de las distintas instituciones del Estado. La cosa irá tanto por una Defensoría Pública como por una Contraloría Popular sistemática. Nuevamente se van a pedir dientes para la fiscalización social del Estado y de la Economía. La representación política permanecerá en el centro del sistema pero habrá participación y también corrimiento de cercos. La Constitución buscará la manera de entregar iniciativa legal a la gente por la vía de plebiscitos regulados pero auto convocados. La democracia se va a hacer cargo  de las promesas escamoteadas por la falta de ventilación popular del sistema político. Ya no será el Estado el que pueda o no entregar derechos o reconocimiento y apoyo a las organizaciones intermedias de la sociedad.

Aterrizando: Instituciones sociales de régimen público que realicen funciones de observación, de investigación y de Contraloría Social.

Será necesaria una Institucionalidad Social, autónoma y financiada por el Presupuesto de la Nación. Esta IS podrá encargar estudios académicos para reparar las lagunas de conocimiento que ha generado la exclusión y las prioridades invertidas de la Constitución. Una segunda función será la de fiscalizar a las instituciones del Estado, públicas y privadas reguladas. Deberá contar con abogados e investigadores profesionales para investigar áreas no exploradas del funcionamiento de la salud, la justicia, la educación los servicios básicos, las relaciones laborales y de consumo. Invariablemente su foco será el de una Defensoría Democrática. La integración de esta Institución seguirá criterios de representatividad, de excelencia profesional y de rotación de sus autoridades.

En este punto, se necesitará, a la vez, introducir la subsidiariedad del Estado en todas aquellas materias que puedan ser resueltas por las organizaciones sociales. El Estado paternal y opresivo debe dejar libres a las organizaciones sociales. El Estado deberá proveer, además, los recursos para un funcionamiento autónomo de las organizaciones y para una fiscalización objetiva y ajustada del uso de esos recursos. 

Versión ampliada de artículo publicado en El Mostrador del 14 de febrero 2020. https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/02/14/el-reverso-democratico-de-la-constitucion-hacia-una-defensoria-democratica/

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