Inicio la última línea HACEMOS HISTORIA

HACEMOS HISTORIA

FERNANDO BALCELLS D.

En estos días estamos convocados a pensar en grande. Estamos incluso invitados a hablar en grande, con palabras que nos quedan como poncho pero que piden una definición que venga de nosotros y no de un diccionario inerte. Ahora los personajes del cuento somos nosotros. Y la intriga gira en torno a esa primera persona plural: ¿Nosotros?

A los que nos importa ser chilenos, a los que tienen un sentido de la Historia que es más apremiante que el sentido de la queja; incluso a los que sienten que la Historia es un cuento inmanejable por los simples ciudadanos, todos tenemos la intuición de que no podemos evadir nuestra responsabilidad ante algo que es más grande que nosotros pero que viene de atrás y se dirige a nosotros llamándonos por nuestro nombre.

Este es el momento de pronunciarse para los que se interesan por el futuro de su familia, de sus vecindarios y sus comunidades. Esta es la ocasión que se dirige a todas las que han marchado y a las que se han estremecido con los acontecimientos del último año. Todas y todos estamos invitados a hacer Historia haciéndonos cargo de nuestro destino institucional.

Nos guste o no, estamos embarcados en un codo de la Historia. Lo que decidiremos a partir del plebiscito es de tal magnitud que se asimila a la Independencia y a las grandes conquistas de la democracia y de los derechos sociales. Podemos hacer avanzar los sueños de justicia y de libertad que hemos tenido o dejar que languidezcan, reconociendo que no son más que ficciones o esperando tiempos mejores que nunca llegarán.   

Hay momentos, a lo largo de los años y los decenios, en que se producen encrucijadas que vienen de enormes tensiones sociales que se liberan y llaman al pronunciamiento de la gente. El próximo 25 de octubre estamos invitados a definir si seguiremos siendo personas unidas por lazos débiles o si seremos capaces de decir: “Nosotras las chilenas y los chilenos”, hemos decidido reunirnos en torno a los principios que nos permitan convivir en paz, con acuerdos más sólidos, con mayores niveles de prosperidad y de justicia social. Compartimos el orgullo de lo que hemos abierto y somos capaces de emocionarnos juntos.

El día del plebiscito, nadie está eximido de participar y de hecho cada uno jugará un papel que va más allá de que quiera mantenerse al margen. Los que se queden en su casa, por los motivos que sean, estarán restándose al cierre de nuestros duelos y apoyando directamente el Rechazo. No votar es Rechazar. Los que voten Rechazo estarán apostando por una manera de seguir en la historia que nos trajo a tumbos a este punto crítico. Ellos en realidad no se restan sino que intervienen para ratificar el modelo en el que hemos vivido en las últimas décadas. Llaman a permanecer, a perseverar y a asegurarse, a pesar de la comprobación de inseguridad absoluta que hemos experimentado por la trabazón de las instituciones.

Para los que aprobamos, en el plebiscito tendremos la oportunidad, por fin, de pasar el cambio y de salir del punto muerto en el que estamos detenidos desde hace años. Entre los nudos que desatará el Apruebo está el de poner límites a las imposiciones permanentes de las minorías. El Apruebo establecerá también reglas para el gobierno de las mayorías pero de ninguna manera, permitirá que las instituciones mantengan bloqueada la voluntad de cambios de la ciudadanía.  

El modelo de sociedad cambiará en un matiz fundamental; la prioridad será la gente. Nadie, ni un solo chileno podrá ser dejado atrás con la complicidad de las instituciones. A nadie le podrá faltar la protección de la sociedad, ni los recursos para acceder a la salud y a una educación útil. El Estado no puede fallarle a ninguna anciana y a ninguna niña y seguir como si las instituciones funcionaran. Chile apostará a crecer con todos, en base al bienestar y al empuje de las personas, de las emprendedoras y de los trabajadores, subordinando al bien común a la vieja economía de grandes monopolios y de pequeños abusos descontrolados. 

Aprobar significa disponerse a llegar a acuerdos; empezar a conversar sobre el porvenir que nos espera en conjunto. No se puede pensar en que rechazar lleve al mismo camino. Rechazar es rechazar a los otros; insistir en imponer una voluntad minoritaria porque es la mía. Ya no hay margen para esa aproximación a la política. Aprobar significa que los Representantes populares estarán sujetos a un escrutinio público mas cercano y exigente; no solo desde las redes sociales sino desde las instituciones mismas.

Aprobar significa reducir las brechas en las que se pueden producir abusos contra los consumidores. Aprobar será un avance para dignificar a los consumidores, a los usuarios de servicios y a las dueñas de casa.

Aprobar es poner en duda la aceptación de las afirmaciones displicentes de las autoridades que se refieren a los que retiran el 10% de sus pensiones como unos vagos que destruirán la economía. Aprobar es tomar distancia para apreciar las burlas y faltas de respeto de las elites que se complacen en repetir una frase de A. Bello de 1829, sacada de contexto, y que dice que “los chilenos son inmorales pero (afortunadamente) dóciles”. Las visiones que están involucradas en esta broma elitista, agotaron sus posibilidades históricas. Lo mejor que puede hacer la elite es reconciliarse de una vez con la gente, aceptar que se constituya como pueblo y que todos nos sintamos cómodos al hablar de los chilenos.

Va a ser bueno que la Concertación deje de victimizarse y entienda que lo que manda en los nuevos tiempos es una urgencia ética insoslayable que exige instituciones renovadas. Es bueno que la derecha sienta que, en lo que vale la pena, su orgullo puede ensancharse y que depende de ella hacerse un lugar a la Historia que viene. Es bueno que el Apruebo confirme el empuje y la determinación de los jóvenes y las mujeres que se han atrevido a proponer nuevas formas de la igualdad, la libertad y el poder político. El Apruebo nos devuelve a la posibilidad de un pueblo diverso en el que todos nos sintamos cómodos al decir; nosotras y nosotros, los chilenos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

más leidos

Antes de escribir, leer.

DANIELA CATRILEO, wirife/ escritora mapuche. Olernos, saborearnos, tocarnos. Pasar las manos sobre las tramas de un witral, enredarnos, leer los signos que deja el hilado. Tejer y leer en otras lenguas. Ser wirin, línea, estría. Desear otras lenguas hasta que la mixtura sea un puente y no cuota-paternalismo-asistencialismo. Leer mapuche y no terrorista. Leer las líneas de la tierra en el arado, las siembras, leer las nervaduras del lawen. Leer como animales, leer como bosque. Leer como quien traduce o compone nuevas escrituras.

Constitución Culebra

Que se escriba en gestos de señas, en lenguaje braille. Que todas y todos puedan comprenderla. Que se redacte con faltas de ortografía, en coa, con chilenismos y garabatos si es necesario. Una Constitución disléxica, tartamuda, que hable por todas las voces.

Nacemos deseantes

Alejandra Costamagna. Tenemos derecho a no sobrar ni estar de más en el país en que vivimos. Tenemos derecho a la rabia, tenemos derecho a despertar, tenemos derecho a vestir nuestras estatuas con la ropa del presente, tenemos derecho a bailar en la plaza pública.

Todos nosotros

Pablo Azócar, escritor. La pandemia en curso es tan devastadora como una guerra, y en la guerra –es sabido- se revisan todas las relaciones y los contratos preexistentes. Una crisis humanitaria de esta magnitud obliga a retomar de inmediato la idea de un estado fuerte, contundente, que conduzca al salvataje, que ponga la cara en medio de la zozobra.