Iniciola última línea¿DISPAROS LEGÍTIMOS?

¿DISPAROS LEGÍTIMOS?

El Ministro de Hacienda formuló la pregunta. ¿En que momento dejó de ser legítimo al uso de la fuerza por parte de las autoridades del Estado? Dicha de otra manera, la pregunta inocente se puede formular así ¿En que momento el derecho se volvió el reverso y lo obvio dejó de ser verdadero? El cree que habla desde una ‘evidencia empírica’ en la que otro camino para la paz y el orden no son concebibles. La pregunta dice con ingenio lo mismo que afirma la senadora UDI, JVR, encogiéndose de hombros  ¿Como es posible querer el orden público sin querer más Carabineros? Si no se acata la autoridad de las autoridades no nos queda más que poner más violencia al servicio del orden; no hay una alternativa.

¿En qué momento se perdió el sentido de la autoridad? Uno diría, cuando sus supuestos y sus implícitos se resquebrajaron hasta perder su prestancia y su dignidad.

El Ministro hace una falsa pregunta para afirmar que en ningún momento las Instituciones han perdido la legitimidad para actuar con violencia al ordenar a la gente reticente a la disciplina. El Ministro no ve que la pérdida no fue solo la legitimidad del uso de la fuerza sino que se perdió la fuerza misma junto al secado de la fuente de las legitimidades y los permisos para seguir actuado como si nada. La legitimidad es el punto en que se traslapan la ley y la justicia. Es un concepto unido al de representación y que se gasta cuando el mal uso y el abuso de la injusticia, degradan el estatuto de las instituciones que se repiten en el perjurio y quedan expuestas a la flagrancia.

A las autoridades no se les pasa por la mente hacerse cargo de la descomposición de las instituciones y de la convivencia, abriéndose a una conversación ordenada, completa y vinculante; que ajuste las prioridades del país para crecer con toda su gente y no a pesar de ella, como está inscrito a fuego en el actual modelo. La crisis de las instituciones está a la vista desde hace años pero la política no tiene que ver con lo visible sino con lo asimilable. Lo que se ve no es lo que está a la vista sino lo que te mira, lo que te observa y te llama desde su propia mirada. El motivo de la ceguera de los que tienen sus ojos sanos es que no soportan verse desde la miseria con que los miran las cosas y la gente.

El Ministro de Defensa, haciendo su parte, ha respaldado la reacción destemplada de la Armada, amenazando con disparar a los vándalos que lancen bombas de pintura a sus monumentos. Es necesario decirlo así: Nunca, en ninguna circunstancia, las Fuerzas Armadas pueden disparar en contra del pueblo de Chile. Incluso la defensa propia debe ser llevada a su mínimo comprobable y eficiente en el caso de las fuerzas militares.

La cosa claro, no se reduce al armamento y a los fusilamientos. Aquí las autoridades políticas y las fuerzas militares esperan crear las condiciones para reponer ese viejo precepto de la Constitución de 80 que convertía a las FFAA en garantes de la institucionalidad prolongando de derecho la posibilidad de la dictadura. Creer que se puede derrotar policial y militarmente a la mayoría de la población o incluso creer que se puede hacer eso con la minoría, es a la vez improbable, indeseable y poco imaginativo.

Es necesario que los militares tentados con aventuras de fusileros, los funcionarios que especulan con la muerte y los políticos que buscan rehacer una carrera amenazando con interrupciones del proceso democrático, todos esos personajes, deben recordar que la historia y la justicia están a la vuelta de la esquina.

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