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DIARIOS DE ABRIL (1)

FERNANDO BALCELLS en La Última Línea.

Escribí una serie de artículos sobre las reflexiones y las provocaciones que nos ha ofrecido el virus. Impresiones dese la ventana, cumpliendo el ideal del buen pintor o, recorridos minuciosos por el interior de nuestro departamento en la pacífica calle de El Vergel. Hay varios de esos textos cortos que están atravesados por la indignación de asistir diariamente a despliegues masivos de payasadas y engañiflas con que las autoridades buscan recuperar su lugar preponderante en la realidad. Nada es menos seguro, visto como las sociedades se han protegido lo mejor que han podido, a pesar y pasando por encima de liderazgos magníficos de nuestro tiempo. Observando a Trump y Bolsonaro a Boris, Putin y Lopez O. uno llega a valorar ciertas inercias de la cultura estatal que han opuesto resistencia a sus empeños despectivos.

Los extractos que se publican aquí van de fines de marzo a fines de abril. Pasan por una Geología Viral, Los Liderazgos Estúpidos, un homenaje a Florence Nightingale y una mirada a las Imágenes Estadísticas, las peticiones para ‘Ser positivos’, el Narcisismo microbiano, La NN y la Plaga Autoritaria.

Geología viral  (15 abril )

Imaginemos que el virus no empezó en diciembre sino a inicios de noviembre o en Octubre en China. Cuando nadie estaba mirando y no se había manifestado con suficiente fuerza, los enfermos deambulaban por la ciudad sin que sus síntomas remitieran a algo distinto que a alguna de las variedades de gripes conocidas. Al cabo de un mes, algunos de los portadores de estos signos excesivos fueron a dar al hospital y un par de médicos de Wuhan empezaron a considerar la posibilidad de una nueva cepa de coronavirus. Convencidos, a fines de noviembre, iniciaron conversaciones entre sus pares y gestiones ante las autoridades. Los elementos de prueba no eran concluyentes y las autoridades, después de un par de advertencias, los hicieron callar los encerraron. Estamos ya en diciembre y en la parte final del mes, el ruido es suficiente y se confirma la descripción de un virus desconocido.

En ese escenario, el noviembre de los chinos sería nuestro febrero. La incubación fue más larga de lo que creemos y un ejército de asintomáticos asecha a plena luz del día. No vamos dos meses atrás de la pandemia sino que hemos tenido tres o cuatro meses de ventaja pero no lo sabemos. Diciembre sería nuestro marzo. Mes en que la epidemia, deja de ser un mal que afecta a otros y la infección empieza a tomar cuerpo.  Abril sería recién el enero de Wuhan. Si podemos confiar en las estadísticas, el ciclo chino ha cumplido cinco meses hasta que se anunciara hace poco el primer día sin muertes en el país. Nosotros en Chile estaríamos en el inicio de la epidemia. Si nuestra curva se comporta parecida a la China, a fines de mayo la enfermedad puede madurar y comenzar el descenso de la infección. Junio será el mes crítico. Si nuestra curva propia, nuestra cifra, la huella de identidad biopolítica de Chile, se comporta según esta escala de tiempo, Junio será el inicio del fin y el reinicio, en segunda fase, de la epidemia.

Los liderazgos estúpidos (26 de marzo)

Las nuevas figuras de la audacia política se revelan como grotescas al ser contrastadas con el drama sanitario que viven sus países. La epidemia no es solo una escala de medición de la política y de las sociedades sino que es un líquido de contraste que precipita a los estúpidos empoderados como materia viscosa en el fondo del tubo de ensayos. Ahora podemos ver lo fácil que es actuar cuando los discursos no se miden con lo real y cuando los gestos del cuerpo político pueden ser obscenos sin correr riesgo alguno.

Intermitentemente, la política es traída de vuelta al escenario por los impactantes despliegues de estupidez de los liderazgos narcisistas. Bolsonaro, Trump y Boris hablando de la idea de que, más vale tener unos miles de muertos antes que cerrar la economía y enviar millones a la miseria.  Llamo estúpidos a los gobernantes que declaran no estar dispuestos a ‘hacer lo humanamente posible’ para salvar la vida de sus poblaciones. Estos personajes representan el punto en que el desprecio a lo común y el sinceramiento anti-hipócrita se transforman en cinismo. El cínico está en un segundo nivel de la hipocresía, lugar en el que no puede evitar la ofensa y el daño verbal para probar su fuerza. El cinismo se convierte en una nueva capa de estuco de la hipocresía del poder.

Afortunadamente, una especie de sentido común de las instituciones políticas y de la opinión pública, han permitido absorber y rectificar las pretensiones subnormales de los líderes más machos del planeta.

Lo que parece haber encuadrado las estrategias exitosas de combate al virus está en la combinación de tres fuerzas desgastadas y de dudosa respetabilidad. Por una parte, ambos polos de la tensión entre Estados Nacionales y globalización. La ínfima soberanía nacional a permitido resguardarse y la conectividad global permitirá salvarse con las otras naciones. Luego, la burocracia estatal, académica y sanitaria y, finalmente, una opinión pública que ya no es posible descartar y ante la cual las autoridades deben, obligadamente, rendir cuentas. Es desde esta dignidad de la gente y de su opinión, que los liderazgos excéntricos y la estrategia de ‘la economía primero’ resultan impresentables.

CURVAS IMAGINATIVAS (8 abril)

Florence Nightingale. Enfermera y estadística

Los analistas y las autoridades sanitarias son modernas Florence Nightingale que se pasean ante las luces televisivas con sus caras arrasadas por el cansancio. A diferencia de la enfermera de la Guerra de Crimea, los nuestros no han pasado por la atención a masas de heridos y enfermos. No han inventado nuevas técnicas estadísticas para responder a las necesidades de una catástrofe y su manejo de las técnicas disponibles deja mucho que desear. Sin la experiencia ni la compasión de la ‘dama de la lámpara’ la numerología es inútil y supersticiosa. Si la estadística no está al servicio de la enfermería y de la creación de la Cruz Roja que se merece el momento, el desfile de números y líneas es más una suerte de dibujo alegórico que un apoyo a las políticas públicas. La transparencia exigiría sincerar las apuestas más que disparar series numéricas destinadas a impactar al ojo que adivina en la oscuridad.

El juego estadístico es peligroso.

Ya no importa si las proyecciones nos dicen que a fines de abril tendremos quinientos, cuatrocientos mil o un millón de contagiados; los dados están tirados y los números embrollados como el ovillo de lana en las garras del gato. La mano que provoca al azar es la misma que ha errado consistentemente en la apuesta por los números genéricos en contra de los casos singulares. Un número se esconde detrás de otros y en conjunto ocultan el bosque.

El apoyo en figuras numéricas, supone un conocimiento acumulado sobre las mezclas y contagios del mal que se enfrenta. Ese no es nuestro caso. Nosotros conocemos el ‘tipo’ pero no el individuo. No conocemos al covid-19 e intentamos ‘surfear’ la ola. Le tomamos el pulso a medida que se eleva y nos arrastra, pero no entendemos plenamente como son las corrientes que le dan su potencia y su perversidad. Armamos prejuicios sobre curvas, alturas, duraciones y desenlaces que no son más que imágenes de un deseo frustrado de gobernar.

Seamos positivos

Hay cuerpos políticos tan llenos de positividad que no son capaces de asumir la negatividad radical que desprende la epidemia. Siempre debe haber algo bueno que sacar de la tragedia. Si alguien está enfermo, bueno, mañana estará mejor –o no estará-. Para esta gente, es necesario que algo, un destello o una promesa de alivio y reconciliación, les permita pasar por alto el dolor que se vive. La plenitud de las vidas positivas no admite fragilidades, fracturas o discontinuidades en las curvas que toma.

… agradecer la preocupación de la autoridad benévola.

Estamos afectados por una especie de depresión eufórica que ha desarmado nuestras defensas críticas. Confiamos en todo porque no hay dos calificaciones razonables de la gravedad de la pandemia. Hacer notar que la fantasía de los números no tiene respaldo en plata sino en imágenes y fintas diversas es arriesgado porque existe un monopolio estatal de la información y de sus distorsiones. Lo asombroso de esta ‘nueva realidad’ es que se logra pasar las leyes que suspenden la vigencia del Código del Trabajo para que los trabajadores paguen su propio sueldo con su ahorro. 

El narcisismo microbiano

Saturados de información somos mantenidos prácticamente a ciegas ante la pandemia y especialmente ante las políticas que navegan en ella.

[En cuanto a la cantidad de pacientes contagiados, (el Subsecretario) expresó que “se ha duplicado en 11 días, lo cual ha venido aumentando, y eso es una buena noticia que da cuenta de que las medidas de la autoridad sanitaria han permitido aplanar la curva”.]

La falsa monada oportunista es a la vez una descripción científica y una rueda de metáforas que describen al microbio y a su estrategia infecciosa.

La plaga autoritaria

Las imágenes numéricas y las analogías médicas han estado presentes en la cultura desde siempre para ayudarnos a advertir semejanzas y dar forma a los desafíos invisibles que nos enfrentan. Cada vez que la política acude a la disculpa de las responsabilidades en una Fuerza Mayor, lo que hace es duplicar una catástrofe con un desastre. En nuestro caso el virus está siendo duplicado por una infección autoritaria. La amenaza bacteriana se excusa en la inminencia de la pérdida de vidas para imponer sus recetas como si ellas fueran dictadas por el virus. Ninguna plaga anterior ofreció una obediencia tan desarmada como la que hemos consentido en esta ocasión. 

LA NN  (23 abril)

La desconocida, a falta de un nombre tiene dos, NN. Inventamos máquinas para nombrar las cosas en la creencia de que dándoles un nombre ya son nuestros. La domesticación de lo salvaje parte por el nombre pero cada vez que reciclamos nombres antiguos para llamar a fenómenos nuevos contaminamos su novedad y su diferencia. Una Nueva Normalidad podría dar lugar a debates como el ‘realismo sin renuncia´ que ocupó el lugar del hijo pródigo en el gobierno anterior. Por más que una gata sea llamada ‘mi abejita’ ella no va a volar, ni va a construir colmenas.

La normalidad no es nunca nueva y lo verdaderamente nuevo no es normal. Es verdad que el  gobierno está para gobernar y no para pensar. Pero haría una contribución relevante y distinta al país si en estos momentos, además de administrar la cosa pública, invitara a la ciudadanía a pensar en lo que viene. No me refiero a la invitación a ‘tomar consciencia’ de las dificultades que se nos vienen y de que no hay más camino que el propuesto por la autoridad. Mejor es aceptar que ante ellas no tenemos un camino trazado y no tenemos ni siquiera preguntas adecuadas.

Cualquiera sea la nueva anormalidad por la que atravesemos, el Gobierno no se va a encontrar nuevamente con un escenario en que lo evidente se regale. La unanimidad con la que escapamos de la muerte o minimizamos el daño de la enfermedad, no va a presentarse de nuevo. La unidad del país va a tener que construirse sobre la base de una variedad de opciones legítimas y sensatas que no podrán ser reducidas a mandato alguno. El futuro próximo no le pertenece al sistema político sino a las fuerzas ciudadanas. Ellas instalarán nuevos hábitos corporales, nuevas sospechas y nuevos lenguajes. A ellas les van a pertenecer las nuevas formas de relato, de imagen y de escucha.

El virus es un acontecimiento en el sentido de una irrupción de lo real que desnuda la fantasía de los cuentos que buscan nombrarla y de las leyes que buscan atarlo a lo conocido. Lo real es lo contrario de lo determinado, lo desborda por todos lados y pone en juego todas las variaciones de la lengua. En especial las que no se han inventado.

Una definición posible de ‘emergencia’, es la irrupción de una realidad que desautoriza los relatos y los paisajismos, develando su instrumentalidad política.. Incluso los que se presentan como técnicos, descriptivos o científicos. Especialmente los que dicen apoyarse en la ‘evidencia’ topan con que lo único que la realidad autoriza en sus relatos es el dolor y la banalidad. Una proposición descriptiva y significativa, solo puede enunciarse desde fuera del tiempo, refiriéndola al pasado o a la profecía. 

Ante un aluvión no nos hacemos las preguntas correctas, improvisamos sobre la base de reconocer las limitaciones que nos imponen la ignorancia y la fuerza del agua. Elegimos no las preguntas que se hacen desde las mejores respuestas imaginables sino las acciones que nos permiten ir conteniendo el daño y despejando las dudas. Necesitamos aprender a pensar en movimiento .

El virus del poder  (22 abril)

El virus ha impuesto una centralización del poder y un renacer de los reductos. Y en la medida en que el Gobierno y la epidemia se han fundido en el combate, la deferencia a lo real y al desastre ha permitido al Gobierno concentrar el uso de la palabra y poner en tabla los debates. 

Este retorno del Gobierno a la reconciliación con lo real y a la sintonía con ‘los verdaderos problemas de la gente’ no ha sido sencillo ni ha estado libre de extravíos. La catástrofe se impuso sobre el Gobierno y la ciudadanía, recreando una comunidad en la emergencia. Las primeras semanas de la epidemia, se encontraron todavía con personajes cargados por los egos heridos y reivindicativos de las autoridades. Desde la máxima autoridad para abajo, muchos sintieron que este era el momento de dejar en claro, lo previsores y eficientes que habían sido.

Puede ser que este tiempo haya calmado las iras pero de seguro no ha alterado los entreveros. Las exigencias de la muerte han servido para acortar la distancia entre la realidad y los discursos que la reflejan. Se ha vuelto más difícil mentir o desvariar. La intensidad de los hechos no admite irracionalidades, promesas fallidas o apuestas imprecisas. Las políticas que prometen la salud deben confrontarse diariamente con los retornos implacables de la realidad. La política deja de tener la ventaja del manejo del tiempo. Ya no es posible hacer política educacional con rendimientos a 15 años plazo. De pronto dejan de interesar los metros cuadrados de infraestructura hospitalaria. Otras cosas que son indicadores blandos -pasados a duros en el hervor de la crisis-. Los tiempos de espera, la atención satisfactoria, resumida en accesos a exámenes oportunos y a tratamientos eficientes.

Esta comunidad que se relaciona en una lengua común ¿Qué recordará, a la vuelta de la loma? 

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