Iniciofuturos ahoraAproximación a los futuros de ahora

Aproximación a los futuros de ahora

Lo que viene depende de lo que hagamos. No podemos simplemente dejarnos acunar por el lenguaje de lo que sabemos. Tenemos que inventar juntos idiomas y mecánicas nuevas de la política. Las movilizaciones de estos meses nos han conducida hasta acá. 

Tenemos que imaginar el lugar hacia el cual marchamos y por el cual votaremos.  Un mundo en que la gente puede reunirse y ejercer el derecho a presentar una ley para ser aprobada por la ciudadanía. Un país en que cada representante, cada institución y cada autoridad esta sujeta a la mirada exigente del público y a la eventual revocación de su mandato. El mundo donde la gente puede decidir sobre el sistema de pensiones y sobre el uso de sus fondos. Un mundo en el que dejamos claros los enlaces entre la Constitución, las instituciones del Estado, la economía y la vida de cada cual. Un mundo en el que los intereses de las personas prevalecen ahora y no mañana; donde la gente no puede ser expulsada fuera de la conversación o empujada a un futuro que no puede ser exigido y que nunca llegará. 

No hemos pensado el mundo que queremos y que podemos porque hasta hace tres meses estaba fuera de nuestro alcance imaginar las posibilidades actuales de lo que podemos querer.

Lo que hemos abierto no es un mundo prefabricado y seguro. Es probablemente un mundo turbulento e innovador donde nuestra única seguridad va a estar en la disposición a participar en la política. La balanza de la vida en común se inclinará hacia los más vulnerables y les facilitará la fortaleza que han usurpado hasta ahora los monopolios creados por un Estado elitista.

El desafío es describir los mundos que vislumbramos al otro lado de las fogatas interminables que se exhiben en los noticiarios. Un mundo que retorna a una paz lejos de la resignación y con un aliento nuevo para resistirse a las inercias. En este mundo, la seguridad y el orden se sostienen en la comunidad. Aquí, la policía interviene como acompañamiento, como complemento y excepcionalmente como fuerza.

¡No se asusten! la democracia que tenemos que construir debe ser capaz de regular su ampliación y contener las energías de su propio cuerpo! Los inventos y la creación de nuevas formas de convivencia siempre han sido mirados desde afuera como excesos. Siempre hemos vivido en el exceso disimulándolo en la realidad y en la razón del más fuerte. ¿Seremos capaces de inventar nuevas racionalidades afectivas?

Los futuros que quisiéramos imaginar doblan la esquina de lo posible. Ante cada problema, revisan, descartan, afinan o reformulan sus premisas. ‘Los viejos son una carga’. Si lo son es porque los hemos debilitado y empobrecido mucho antes de tiempo. Si son una carga es porque no les permitimos una transferencia de su experiencia. Si son improductivos es porque los modos de ganarse la vida en el país están desquiciadas.

Salvo que aceptemos la repetición acelerada de lo mismo como destino, la convivencia está por redescubrirse. Solo nos queda mejorar lo que tenemos hasta arrancarnos la piel. Los proyectos que sean están obligados a describir de nuevo su anticipación o su ideal. Incluso la repetición corregida de la vida que tenemos, está requerida de explicitar sus mecanismos, los saltos que espera producir y las metas que quiere conseguir. La utopía, traída al presente y sustraída del destino es un permanente coqueteo en los bordes del error.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

más leidos

Antes de escribir, leer.

Constitución Culebra

Todos nosotros

El Poto sucio

Error decoding the Instagram API json