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Antes de escribir, leer.

Antes de escribir, leer. Pero leer los signos preexistentes al Estado. Leer más allá del Estado. Permitir la lectura con los dedos, con la piel, leer con el cuerpo. Olernos, saborearnos, tocarnos.  Pasar las manos sobre las tramas de un witral, enredarnos, leer los signos que deja el hilado. Tejer y leer en otras lenguas. Ser wirin, línea, estría. Desear otras lenguas hasta que la mixtura sea un puente y no cuota-paternalismo-asistencialismo. Leer mapuche y no terrorista. Leer las líneas de la tierra en el arado, las siembras, leer las nervaduras del lawen. Leer como animales, leer como bosque. Leer como quien traduce o compone nuevas escrituras. Leer la corriente del lewfü, seguir con el nado hasta el océano profundo y volverse lafkenche, yene, shumpall.  Leer en las arrugas de nuestras abuelas para imaginar las propias. Extender los mapas para emborronar los títulos de merced. Leer para que las reducciones se extiendan y expropien forestales, hidroeléctricas, mineras, fundos de colonos cuicos. Leer los perdigones incrustados en el bosque nativo para que retornen a quienes los arrojaron. Leer los nombres de quienes nos asesinan, para que nuestras muertas y muertos puedan leer con nosotras. Leer para que antes de escribir “plurinacional”, Chile sepa que deseamos la autonomía y la recuperación. Leer Autodeterminación. Leer Wallmapu y no “La Araucanía”. Leer los surcos de la Cordillera de los Andes como un cordón umbilical, para que nuestrxs lamngen del Puelmapu nos abracen más seguido. Leer el made in Israel de drones y armamentos del sur.  Leer para que nunca más la letra chica. Leer bien para tachar Minera Escondida Ltda, RP Global Chile S.A, Celulosa Arauco, CPMC, BHP Billiton. Leer como quien escucha un epew antiguo junto al fogón. Leer las huellas de un ave en la arena. Leer los muros para recordarlos rayados como niñas que aprenden recién a escribir. Leer las estrellas para saber cómo estará la cosecha. Leer lo que resta del mate, el café, el té de nuestra taza en la mañana. Leer el viento como presagio de la tarde. Leer los lunares. Leer los pewmas del amanecer. Leer en otros alfabetos, símbolos. Leernos al oído, susurrando. Leer subrayando para hallar esa cita que necesitábamos en un libro hermoso. Leer para quienes perdieron su vida, sus ojos. Leer con ternura, con deseo, con risa, con rabia como quien lee todo por vez primera.

DANIELA CATRILEO, wirife/ escritora mapuche.

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